"carnal me gusta el alma y con alma la carne", lezama lima

29 de agosto de 2003

que salgan las muchachas a la calle. que llueva intenso sol de rayos plásticos. que me robe el aliento un recuerdo de beso adolescente, un gentil beso de chamaco de 12 años, de media hora, que me robe el aliento. que todos los locos de manicomio armen una estación de radio. que transmitan tus exhalaciones, radioescucha empedernido. que todos los ganadores del premio al gran mamón diseñen un blog que permita en tag cotidiano una mentada de madre. que estas ansias no me corroboren la angustia. que las feromonas no me hinchen la piel. o que se deslinde de mí esta loca múltiple, vertida en derechos y responsabilidades de los que yo nada quiero saber. que se me acabe la voz primera en singular. que se rompan los espejos. que la música ausente en estas palabras saque a su perro a pasear, y que me muerda la sien o la entraña. así, algo duro de morder. algo duro testarudo. algo que me de gota de invierno silente. algo que me queme de una sola flama, que me prenda en llamas. algo que me invente de nuevo, o sea, otra vez. no el mito de mí, no la pasión de mis huesos. no la desesperación de ser, ni la prisa por seguir. no mi caja de zapatos llena de cartas ridículas que no puedo tirar. o sí, pues. o lo que sea. que, por ejemplo, me salga un tono de sirena urbana, un ruido de araña. un mugido de patona en la pared. que me brote cola de escorpión, cara de rana de hule, lengua de pato mordaz. eso, que me nazca la mordacidad, la ironía. o que me la cultive un hortelano en la vagina, o regina en el verano. o que me la siembre un toro semental o un gallo matinal. o que llueva, que llueva, la virgen de la cueva. o algo, por favor, algo. no un frasco de pastas, ni una manzana envenenada. no un tiro de la ruleta. no un lamento eterno descompuesto. algo así como un grito de batalla en medio de la nada. desde dentro, desde la garganta. algo así como una rajada en la espalda, ver la sangre correr; correr de tanto ver sangre. caer en multitud de partes, despedazarme, recomponerme, armar el rompecabezas. pegarlo con baba en la pared. o yo llover. o ver por dónde abrir una ventana y masticarle el huevo duro a los que me cagan la madre. o ir al psicoanálisis. que vengan todos los doctores a operarnos a todos, y luego que todos los operados los tendamos de pies en las azoteas, y matemos de sana risa, con cosquillas, a los matasanos. que se nos acabe el dolor, sólo para que regrese y nos prenda el motor, ron, ron. gatos. miau. eso. que salgan a la calle todas las muchachas, y se echen un danzón a ritmo de joropo. eso quiero, en lo que dura este minuto y medio extendido de sopor. que haya un eclipse largo, largo, y yo me desvele mirándolo, y muera enceguecida, incierta, metafísica, lánguida, ignorante, pacífica y sencilla.

15 de agosto de 2003

lares cuernavacunos
eterna prima Vera
soles en la piel
agua hasta en la garganta
deditos arrugados
toallas en el pasto
rico comer...
¡nos vamos de viaje hasta el próximo jueves!

11 de agosto de 2003

rápido se metió el anclaje en el bolsillo
y cayó en el fondo de su oceáno;
las preguntas se le llenaron de basura marina,
y no hubo mamífero acuático que le mordiera las entrañas.
murió ahogado.

7 de agosto de 2003

SEXTA VEZ.
NOCHE DE INSOMNIO.


Insomnio y enfermedades mentales.
Los amantes quieren dormir o matarse.
Desvelos de ciego;
sobre la mesa pan,
una botella de ron y un disco de reproches.
Caja de deudas, minúsculos derroches.

Tea se pregunta por él,
por sus desavenencias con la nada,
por su tortuoso andar
y no recibir nunca nada de nadie.

¡Ay!, sus agostos en quebranto,
su musgo de garganta.
Níquel en la espalda y
nadie hace nada; maldita sea.


La noche, impávida, mustia, recoge migajas de la mesa.
Extiende su mano en sigilo, toma el pan, se lo lleva a la boca,
y no dice nada.

Él vocifera,
le pega a los entrometidos gatos,
a las perras en brama.

La luz del foco calienta el comedor de esa casa habitada por la soledad.
Soledad habita en una caja de galletas olvidada en la alacena.
Ambas expiraron hace largo tiempo ha.
Todo lo demás
son moscas y zancudos compitiendo por los últimos alientos de esa boca.
Boca que sabe a fermento de la infamia.

A él se le enciman los dedos de una muerte que no está
y pelea y grita y arremete con las muñecas para ahorcarla.

¡Ah!, maldita muerte que no está, que no llega, que llega,
que me desposa, que me ultraja.


Y la noche, necia, que no la llama.
Noche hermana de la muerte, llámala.
Nada, ni de enfermera, ni de mensajera,
la noche no ayuda hoy;
compró ticket para otra tragedia,
mientras aquí se escenifica la farsa de los solos.

Y Tea sin poder morirse,
y él, sin poder matarla.

Noche espectadora.
¡Cabrona!,
fácil forma de acomodarse sin arriesgar nada.
Pero ¿qué tiene para arriesgar la noche?

Los amantes duermen, sin descansar en paz

5 de agosto de 2003

5a. vez. En la que ella se va.

Noche pasajera de los trenes mentales de una loca o de chofer de taxi. Los habitantes de todos los países hacen cola para entrar en ella.. No hay quien quiera perdérsela.
Ella se viste en el camerino, canta, enciende las luces, es tramoyista. Luego se anuncia. Si quiere saca su luna, si no, no. Puntual sí es, pero caprichosa como ella sola.
Se sienta de pierna cruzada en el andén. Si se le ocurre o quiere divertirse se llena de equipaje. De cualquier forma, en juego de relevos le da la mano al día cordialmente. Baja él del tren y sube ella, señora aristócrata o desquiciada nerviosa de hospitales –como se le quiera ver. Pasajera del tren observa por la pupila obtusa de la ventana a los hombres de corazón desgarrado que habrán de perecer con ella, inexorablemente. Vía de la noche, el camino es suyo. La máquina, lo de afuera, es el mundo.
OTRAS VECES DE LA NOCHE.

Cuarta vez.


Piel contra piel, sudor contra sudor. Labios de amantes que roen las esquinas de la cama. Temblor, estertor de cuerpos al descubiero. Velas y velos cubren la velada. Caldos de frutas que se escurren en las bocas. Tea es mujer menguante; él, niño creciente.
La noche está de blancos. Augurio de la nupcia, la noche saca la luna del estuche y la toca; la luna suena y los amantes la escuchan y hacel al amor creyendo que lo inventan.
Tea le trae a él todos sus márgenes, él le recoge el vientre, y le obsequia todas sus fronteras. Se esfuerzan en sucumbir ante el cansancio de las horas, restregándose; la noche los arrullas, los cansa, los arrulla y les promete más noche.
Descansan a pierna suelta, ventana abierta y se bañan de luna. Poros y lunares cortejan, embelesados a las estrellas y planetas.
Vuelve a venirse al centro la lujuria. Pero ahora los aposentos son para los puntos que simulan constelar el universo.

4 de agosto de 2003

VECES DE LA NOCHE

1a. vez.


Sí, gracias; la noche es pasajera del tren. Se porta bien y saluda por la ventana; anda toda cuerpifloja porque sabe de dónde le sale la gracia y la violencia. Conoce desde arriba los desgarres del mundo y sabe cómo remediarlos y dónde. Por eso va feliz, como niña, sin fingir decencia. Es cínica, la desgraciada, pero cómo no va a serlo y, en todo caso, ¿quién se atreverá a reclamárselo? ¿Quién renegará de la madre? ¿Qué hijo de su desnaturalización absurda va a tirarle la primera piedra? ¿Quién no tiene en su haber delito qué contar, metáfora qué inventar? Y ella lo sabe, y concede. Cierra las piernas y posa los codos sobre las rodillas y con cara de sorprendida –vieja con capacidad de asombro, la obscura– saluda a los niños que saltan, corren y se empujan para mirarla y hacerle muecas desde la estación fantasma del pueblo perdido del ruinoso reino. Se mete en los ojos de los niños esos y les arrebata la ignorancia y el resquemor, el miedo y el frío. Por eso andan contentitos, sin suéter, jugando fútbol afuera del vecindario, en la cuadra. Por eso se les olvida el hambre o se les antoja la lluvia. La noche: térmica, perspicaz, caballera, pasajera.

2a. vez

La noche se le adelanta a los amigos para cubrir de llanto el infierno de los desamados; les da sombra rasposa para que se arrastren hasta desangrarse; luego los entibia, los cura, los devuelve a la cama, y los amordaza para que ya, ya, ya dejen dormir a los demás.

3a. vez

Noche siniestra que mata a los desacompañados transeúntes. Noche de callejones y salidas de metro que roba los acentavados dineros de los jodidos y rejodidos. Noche obtusa, noche egoísta, noche maldita. Camina el hombre pensando en el café con leche junto a la mujer. Camina el hombre guardando el cansancio de la vida, de ese día nomás, en el bolsillo del pantalón. Los cuadros de su chamarra mueren de sueño, pero le ayudan a sobrevivir y se aguantan y siguen siendo cuadro y lo mantienen tibio y despierto. Y la noche inoportuna lo alumbra, pero lo lleva de la mano a lo que corta y mata y no le avisa ni con un guiño de estrella. Vienen otros hombres, quizá sin muchas ganas, y le roban el sueño de morir en cama junto a la mujer y no sólo eso le roban...Y la noche, grosera, no hace nada. Nadie se compadece porque no sale nadie a ver. Y luego la mujer pasa, noche en vela, esperándolo. Él no regresa.

3 de agosto de 2003

está la mano siempretibia/guía de turistas/infame acomodadora/mano edecán/mano capitán de barco/está tu mano que va uno apenas reconociéndola
y ¡!
de pronto otra mano. para tus manos mi cordillera/ montaña subiendo/
montaña subiendo a la torre dueña de los oxígenos.

los brazos...
tienes ciudades en los brazos. miro allí una selva de turbios caminos. una morenez solar que me lleva a la miniatura de tus poros. estás vestido tú de tu habitación/de tus secretos/de la música que aún no es la tuya/vestido de tus dudas/ del pudor callejero/vestido de mi vestido/ vestido de mí. allí en tu ropaje me hundo.

me hundo para ser sirena y comenzar a nadarte. cuello de collares/cuello de necedad/cuello de girar hacia donde se disparan los rayos de los ríos/los caudales de las tormentas solares/cuello de poner ahí un desafío/cuello que te camino. recorro tu nuca y ya vislumbro
unas óseas prominencias tuyas: omóplatos rompiendo piel, dándosela al viento para que la rompa en aires y salgan esos bultos, raíces de alas por nacer.

pero estamos en la nuca y las seudosirenas gustan de nadar por las nucas y ahí me hundo y ahí chupar y morder hasta que desborde la sangre. estoy que recorro tu cuerpo a lentas y tientas y llegas con tu altiva soberanía, tu goce de uso de suelos, territorios ajenos y así, sin más, sin pasaporte
encajas tus labios en mi boca
y me ametrallas

tu lengua/tapiz de hormigueros/pez de aguasdulces
tu lengua/último bastión espía/alfajor peruano de cumpleaños
tu saliva/torrente musgo lodazal semilla lluvia santaclareña,

y apenas se está acostumbrando uno a las cosquilla en las arenas interiores de los labios cuando llegas
con un zarpazo hijo de la noche de la selva/
se humedece mi vagina/
me recorre a mí un agua de atardeceres y madrugadas guardadas.

la sangre anuncia el alza, sin mayor vergüenza, de la temperatura y las caderas.
la espalda y la contraportada de mis piernas se adhieren a tí como temiendo que te les vayas
y ya tu espalda es una pista/manantial/muro de contención/espuma para poner mis dedos de azúcar, de piel de tambor, dedos, sobre tu espalda, mis manos...

¡agua, agua! quiero beber agua, encájame todas tus líneas, tus atinadas soberbias, tus manojos de hierba.

tus manos y tus labios se arrojan a mi pecho y me descascaran y chupan la pulpa de mis senos, pequeñas cimas rodeadas de nieve y caldos salados.

te desprendí ya de tus ropas, de tus vacíos/ me desprendí de las prendas que me acobardan y soy así la única que soy, ahí, así

estás sumergido en el líquido de mis ojos/toda la savia de mis trópicos/nado tus infinitudes/nadas mis reconditades/la avalancha de caricias crece como la letra crece y como la sangre y los días y la historia y las palabras y los secretos crecen y los miedos y las certezas y los poemas y los recorreres crecen/viene una explosión de pieles/zafarrancho/ tu piel contra la luz / desierto poblado por hadas y gigantes/las dunas y los vientos arremeten contra mi rostro que pelea con un espejismo de verdes y retoños/camino y recojo y pongo en mi canasto tus lunares, tus sepias, tus bellezas una a una y me siento sobre tu vientre (en un lapsus paréntesis) a desenredar esos nudos de tus vellos, a comer uvas y masticar tu aliento mientras siento, en las yemas de mis dedos, tus besos, está así la cosa cuando se aparece un camino amarillo siniestro, un gato lunático, un pez volador y una carta-invitación a la danza de tu sexo: yo digo que no, me contengo, las brujas no hacemos eso

pero se cierne sobre mí –cosa de segundos—un polvo de piel, de rizos, de miradas, que me penetra pecho y espalda/baja por mis nalgas hasta los tobillo y –en mi texto—a la nota al pie. tu estrategia gana y bajas contundente,
mirada perdida escondida, detrás de los párpados,
con alas abierta, emergiendo de a poco,
y me abres,
guarida,
libro,
para entrar sin guía, sin contexto,
a los renglones, fogatas, viñetas y arenas
de mis más adentros.
abres un ventana, tocas mi pecho, muerdo tus labios
implosión de carnes/reacción en cadena/agua/contracorriente/abismo/abandono/luz/orgasmo anestésico/amnésico silencio/mucho silencio/
descanse en paz
la bruja ha muerto.
descansa en paz sobre su cuerpo el cuerpo del hechicero.

Vástagos de la tristeza, parece no extrañarnos el impostergable
aullido de los crepúsculos.

Vamos tranquilos con el aliento a secas.
Adentro de la olla se condensa el hervor de nuestras pesadumbres, nuestros lastres.

Trabajo le cuesta
a la ventisca de los días
cargar con nosotros.
Estamos más asidos a los musgos,
la tierra y las lombrices
de lo que creemos.

Pega un grito de terror el azular del aire
y estallo en llantos
porque no sé tolerar el contagio de los miedos;
me hundo acuclillada entre tus piernas
para disolverme en el roce,
en el sudor.

Cierro los ojos, los oídos.
Cierro la nariz y la garganta.
Vuelvo a la posición fetal,
y el amado es la madre
contra la que levanto un ventantal inmenso.

Los muñequitos del infierno se me quedan colgados de las manos.
No me sirven ni el dolor ni el delirio.
No me carcome la certeza del amante.

Lloro de dudas,
de emoción nocturna. Ruido de abejas
con tendencia a helicóptero de sangre.
Tiemblo de calendarios,
tiemblo de necesidad.
Agudizo el grito
para pedir auxilio, pero
mi voz no me nombra,
y los que están no escuchan
y los que escuchan no saben que están.

No habla la boca por mí
sino el estertor.

Se detiene el retumbar, el titaquear de las venas.
Se sorprende ante el espejo
nuestro corazón,
porque
el mío
está dejando de latir
y yo miro alrededor
y ya todo es un montón de sal.
Una del Silabario de Woody Allen, dicen...:
Es curioso que se le denomine sexo oral a la practica sexual en
la
que menos se puede hablar.

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