"carnal me gusta el alma y con alma la carne", lezama lima

25 de noviembre de 2004

QUÉ ALEGRÍA VIVIR...

Qué alegría vivir
sintiéndote vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
azogues, almas cortas, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad transmisible es que camino
sin mis pasos, con otros
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, habo.
Que hay otro ser, por el que miro el mundo,
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y sé que también me quiere con su voz.
La vida - ¡qué transporte ya! -, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser de la no muerte.

Pedro Salinas

22 de noviembre de 2004

SONG OF MYSELF, Walt Whitman
1
I celebrate myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.

I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease observing a spear of summer grass.

My tongue, every atom of my blood, form'd from this soil, this air,
Born here of parents born here from parents the same, and their
parents the same,
I, now thirty-seven years old in perfect health begin,
Hoping to cease not till death.

Creeds and schools in abeyance,
Retiring back a while sufficed at what they are, but never forgotten,
I harbor for good or bad, I permit to speak at every hazard,
Nature without check with original energy.

2
Houses and rooms are full of perfumes, the shelves are crowded with
perfumes,
I breathe the fragrance myself and know it and like it,
The distillation would intoxicate me also, but I shall not let it.

The atmosphere is not a perfume, it has no taste of the
distillation, it is odorless,
It is for my mouth forever, I am in love with it,
I will go to the bank by the wood and become undisguised and naked,
I am mad for it to be in contact with me.

The smoke of my own breath,
Echoes, ripples, buzz'd whispers, love-root, silk-thread, crotch and
vine,
My respiration and inspiration, the beating of my heart, the passing
of blood and air through my lungs,
The sniff of green leaves and dry leaves, and of the shore and
dark-color'd sea-rocks, and of hay in the barn,

The sound of the belch'd words of my voice loos'd to the eddies of
the wind,
A few light kisses, a few embraces, a reaching around of arms,
The play of shine and shade on the trees as the supple boughs wag,
The delight alone or in the rush of the streets, or along the fields
and hill-sides,
The feeling of health, the full-noon trill, the song of me rising
from bed and meeting the sun.

Have you reckon'd a thousand acres much? have you reckon'd the
earth much?
Have you practis'd so long to learn to read?
Have you felt so proud to get at the meaning of poems?

Stop this day and night with me and you shall possess the origin of
all poems,
You shall possess the good of the earth and sun, (there are millions
of suns left,)
You shall no longer take things at second or third hand, nor look
through the eyes of the dead, nor feed on the spectres in
books,
You shall not look through my eyes either, nor take things from me,
You shall listen to all sides and filter them from your self.

3
I have heard what the talkers were talking, the talk of the
beginning and the end,
But I do not talk of the beginning or the end.

There was never any more inception than there is now,
Nor any more youth or age than there is now,
And will never be any more perfection than there is now,
Nor any more heaven or hell than there is now.

Urge and urge and urge,
Always the procreant urge of the world.

Out of the dimness opposite equals advance, always substance and
increase, always sex,
Always a knit of identity, always distinction, always a breed of
life.
To elaborate is no avail, learn'd and unlearn'd feel that it is so.

Sure as the most certain sure, plumb in the uprights, well
entretied, braced in the beams,
Stout as a horse, affectionate, haughty, electrical,
I and this mystery here we stand.

Clear and sweet is my soul, and clear and sweet is all that is not
my soul.

Lack one lacks both, and the unseen is proved by the seen,
Till that becomes unseen and receives proof in its turn.

Showing the best and dividing it from the worst age vexes age,
Knowing the perfect fitness and equanimity of things, while they
discuss I am silent, and go bathe and admire myself.

Welcome is every organ and attribute of me, and of any man hearty
and clean,
Not an inch nor a particle of an inch is vile, and none shall be
less familiar than the rest.

I am satisfied - I see, dance, laugh, sing;
As the hugging and loving bed-fellow sleeps at my side through the
night, and withdraws at the peep of the day with stealthy
tread,
Leaving me baskets cover'd with white towels swelling the house with
their plenty,
Shall I postpone my acceptation and realization and scream at my
eyes,
That they turn from gazing after and down the road,
And forthwith cipher and show me to a cent,
Exactly the value of one and exactly the value of two, and which is
ahead?

16 de noviembre de 2004

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos, rojos.
Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo no en tu boca, no, ya no...
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo en el beso que te di ayer,
en las bocas juntas del beso que se besaron.
Y dura este beso más que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No. Te estoy besando más lejos.

Pedro Salinas

10 de noviembre de 2004

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largosque se atraviesan con jadeo y asfixia,
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor.
La noche no se vuelve, de pronto, respirable.

Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.

El encuentro es a oscuras.
En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

Rosario Castellanos

9 de noviembre de 2004

...tanteo fórmulas heterodoxas, busco en el lenguaje otras tantas expresiones paradojales para tratar de inventarme un fundamento para la acción, un"vínculo otro" con el mundo, o al menos un esbozo de actitud.

Barajo aleaciones retóricas que tienen más ingenio que eficacia, y así hago ambiguas referencias a un desencanto fecundo, una resignación amenazante, una sana ironía, una inconsciencia subvertida.

En fin: nada que pueda pensarse como nuevo cimiento para acciones universalizables. Puede que el escepticismo sea la dieta de la intelgencia, pero no debiera ser la inteligencia misma. Permanecer allí demasiado tiempo podría convertirse en un lamentable exceso de coherencia, una nueva forma de obesidad.

Tal vez mejor buscar otra forma de coherencia eneste temple sincrónico de la contemporaneidad donde nada es demasiado coherente. Parece una contradicción, y seguramente lo es.

Pero no se trata de renunciar a la esperanza de otra forma deintegración, ni a la posibilidad de una acción cuyo sentidotransformador refuerce nuestras fantasías de mundo, sino de reconocer, en primer lugar, que esas fantasías todavía tienen que redefinirse yque, al mismo tiempo, no podemos suspender toda acción mientras procesamos dicha redefinición.

Para ser consecuentes, tal vez haya que sumergirse en una decidida inconsecuencia: celebrar esta orfandad derelatos comprehensivos y visitar sin prejuicio algunos relatos parciales que aunque no nos convenzan del todo pueden ser parte de unitinerario cuyo destino, calro está, es incierto.

¿Porqué no explorar en los intersticios de la política, en el esoterismo y su proliferación de sentidos, en la acción simbólica, en la cultura popular, en las intuiciones sugerentes, en la revuelta espasmódica, en las economías delos desplazados, en el hermetismo de tribus vernáculas y postmodernas,en las razones de la pasión, en la conversación intimista?

¿Y porqué no hacerlo con curiosidad infantil, sin expectativas de rendimiento ni de performance, con desvergonzada vitalidad?

¿Porqué no aventurarse a hacer un poco de literatura con el entorno y con la propia biografía, aunque sólo sea para volver a barajar las cartas?

Ni apocalípticos ni integrados.

Martín Hopenhayn (1995)

4 de noviembre de 2004

Acerca de la indiferencia

Hoy se piensa poco y en muchas ocasiones se piensa mal. Pensar es un esfuerzo demasiado complejo para las masas enajenadas y difícil ejercicio para las clases pobres. Los primeros no reflexionan porque han sido consumidos por la creciente tecnología, y porque el tiempo es un valor cada vez menos entendido y cada vez más escaso. A los pobres, y a los muy pobres -lo digo, por supuesto, sin desprecio- les resulta demasiada carga confrontar el presente, por lo que cavilar puede convertirse en un lujo impensable. En nuestro medio el negocio para los fabricantes de "cultura de masas", como Televisa, es redondo: entre menos piensen sus enajenados más venden sus productos.

Pensar poco no sólo implica achatamiento neuronal. Implica acostumbrarse a que nada pasa y a que nada sucede. Permite que las riendas de los sucesos comunitarios y mundiales sean dominadas por los menos. Pensar poco no sólo es escuchar sin inmutarse las olas de telebasura, los discursos vacíos y estúpidos de los políticos o las sandeces de tantos y tantos prelados religiosos que prometen una mejor vida después de la muerte. Implica también indiferencia. Entre menos se ahonda en la realidad, y entre menos se penetra en el mundo, mayor la indiferencia.

La indiferencia es, en algunos, un síntoma; en los más afectados, una enfermedad. Enfermedad del individuo y en ocasiones de la sociedad. La indiferencia es un fantasma moderno que recorre el mundo. Que lo recorre y que lo asfixia y que ha alejado al ser humano del ser humano. La indiferencia es un estado de ánimo que implica neutralidad y por ende silencio; es un mal social porque apela a la neutralidad en tiempos donde ésta no puede existir. Es muy probable que la indiferencia social sea una de las metas fundamentales del poder, del poder. Del poder en cualquiera de sus formas.

La indiferencia se nutre de la tecnología, de muchas propagandas publicitarias, y del constante ruido al que está sometida la población que vive rodeada por algunos de los bienes de la modernidad. Al nutrirse de esas fuentes, el desapego social se incrementa al igual que el desinterés por el medio circundante. Todo un círculo: de la indiferencia, al desapego; del silencio a la injusticia. Así lo consideró Tadeusz Borowski, confinado en Auschwitz como preso político y no como judío: "Mira en qué mundo tan original vivimos: ¡qué pocos hombres quedan en Europa que no hayan matado a otros! ¡Y qué pocos hombres quedan a los que otros no quieran matar!" El mensaje es claro: la injusticia es directamente proporcional, entre otras circunstancias, al grado de indiferencia.

Borowski acabó siendo víctima de su propio compromiso hacia el otro. Fue víctima de su lucha contra la indiferencia. Se suicidó con el gas de la cocina de su casa. Se suicidó como tantos otros que finalmente son víctimas de la indiferencia. Por eso la indiferencia es una enfermedad. Permite que unos fallezcan por el silencio de otros y lleva a la muerte, o a alguna forma de patología, a quienes se comprometen y luchan contra la indiferencia.

La indiferencia puede tener muchas acepciones. Algunos la consideran como la base del libre albedrío; otros, un estado síquico que hace imposible tomar decisiones, y hay quienes consideran que lo indiferente es lo que no pertenece ni a la virtud ni al vicio. En este escrito utilizo la que dice que es un "... temple de ánimo que cubre todas las cosas con un velo que las hace aparecer iguales" (José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, Editorial Ariel, 1994). Iguales debe leerse como inopia.

En nuestros tiempos, esa ausencia de ánimo, esa falta de movimiento, se nutre, como ya escribí, de la parafernalia encargada de distraer al ser humano y de minimizar el poder de la voluntad. Ese enrarecimiento mental -hace muchos años me gustaba hablar de esmog mental- deviene falta de compromiso y es una de las constantes más dolorosas de nuestros tiempos. La creciente indiferencia es la madre de muchos males. La prostitución infantil, los niños y las niñas en situación de la calle, y la gente que muere en la calle son, entre otros, ejemplos de esa enfermedad que se llama indiferencia.

La indiferencia es un estado que impide pensar, que evita el compromiso, que aleja. Es una forma de despersonalización, fruto de las vías insanas que ejercen algunos medios de comunicación y del exceso de propaganda y de ruido. El suicidio de Borowski -se había decepcionado, en la posguerra, del Partido Comunista Polaco- y sus palabras son un ejemplo brutal del inmenso poder de la indiferencia. Mucho de lo que sucede actualmente en las calles del mundo es producto de esa misma indiferencia, sólo que cincuenta años más vieja.

Arnoldo Kraus

La Jornada, 3 de noviembre de 2004

2 de noviembre de 2004

Pareja humana

Hartazgo y orgasmo son dos pétalos en español de un mismo lirio tronchado

cuando piel y vértebras, olfato y frenesí tristemente tiritan

en su blancora última,

dos pétalos de nieve y lava, dos espléndidos cuerpos deseosos

y cautelosos, asustados por el asombro, ligeramente heridos

en la luz sanguinaria de los desnudos:un volcán

que empieza lentamente a hundirse.

Así el amor en el flujo espontáneo de unas venas

encendidas por el hambre de no morir, así la muerte:

la eternidad así del beso, el instante

concupiscente, la puerta de los locos,

así el así de todo después del paraíso:

-Dios, ábrenos de una vez.

Gonzalo Rojas


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