"carnal me gusta el alma y con alma la carne", lezama lima

30 de diciembre de 2005

Ahí en La Soledad uno puede alojar el cuerpo en una hamaca frente al mar y dejar una brecha de tiempo muy amplia entre una acción y otra. Nada haces y nada te pasa; sobreviene sólo el pensamiento. Pero pensar puede descarriar las almas, si transita en espiral sobre un mismo tema. Así que conviene nomás bañarse, dormir, comer camarones a la diabla y jugar dominó. Así las acciones ocurren al compás del día, y se puede descansar sin recordar que uno también ha sido y será polvo de los días.

11 de diciembre de 2005

Cuando lo vi estaba gateando, desnudo y mojado, por la cornisa del décimo piso. Me quedé paralizada y sin aliento, mientras escuchaba una voz femenina que lo llamaba, desde el piso de abajo.

Yo no podía rescatarlo. Temía asustarlo y hacerlo caer. Me asomé para ver a la que, suponía, era su madre. Lo llamaba suplicante, con los brazos extendidos. El bebé no le hacía caso.

En cuanto se cruzaron nuestras miradas, la mía estupefacta, y la de ella angustiada, el bebé cayó al vacío, a gran velocidad. Escuché un ruido de golpe seco y estruendoso. No quise mirar.

Volví a recuperar el ritmo del aliento, a la llegada del crepúsculo.

1 de diciembre de 2005

vuelvo
regüelvo
el huevo

¡ah! apetezco un remolino, un masaje en las metafísicas mitocondrias de este ser estresado desastroso.

es menester acudir a la playa para depositar posaderas y espaldares en hamaca maya.

mientras pasa el tiempo y me sobo sólo con sal jabonosa la imagen futuresca, arribo arriba de la medianoche, entumida, trabajosa, contenta, nohaydeotramaneramente.

ya güelvo.
Decir en qué había quedado,
ya no.

Si el día comienza hoy,
a cuál
a quién dejé
atrás,
colgado.
¡Ay!
Me sueño de muero. La duela me espalde. Vuelo la duerma. Duermo la vela.
Las buechas nones se me aturgulan faviolosamente.

Tejo madeja, me dejo matar, mojar en la tela, já!

Mugir, gemir, reír........................................................................................
me voy............
me vengo derrr
rriii
tiee
nnn
du.

A diós
mientras no exista
más.
Chau, cocodrail.

23 de noviembre de 2005

El registro estadístico indica una tendencia: entre más desmadroso está mi cuarto, más lúcida mi conciencia. De eso me doy cuenta cuando ya no tengo ropa limpia que ponerme y reciclar los pantalones de mezclilla, implica pasarles un trapito húmedo. Me hace falta una lavadora, un cesto de la ropa sucia, y una voluntad de fierro para, al menos, poner a remojar cierta ropa.

Bueno, esta madrugada me hubiera encantado que los duendes tendieran mi cama, como los que remendaban los zapatos del zapatarero. ¿Te acuerdas de ese cuento? Era de los Grimm, ¿no?

La magia no existe. ¿Ves como me pongo realista? Será porque está por amanecer y yo con pura coca cola encima.

Me siento contenta. La magia sí existe. Sendos buenos días y buenas noches.

Calcetines.....................................

4 de noviembre de 2005

Yo quiero que las palabras no sean mi cárcel, que mi corazón no sea un arma punzante.

31 de octubre de 2005

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

el griego Cavafis

24 de octubre de 2005

Letrinatura en Technicolor. ¡Léela!... te arrepentirás.

Desde la explosiva capital del calor, el porno y la coca barata, llega una historia escrita en Caracas. http://www.tropicalmag.blogspot.com La leyenda de un tipo y una chica, intentando sobrevivir el caos de una noche tropical...
y

vaya a http://www.pendiente.blogspot.com si usted:

• Percibe voces que le dan instrucciones.
• Siente dedos invisibles sobre la piel.
• Piensa en forma incoherente, es decir, que no tiene sentido lo que dice o hace.
• Habla con alguien inexistente.
• Siente nervios o muchas ansias.
• Ve personas, objetos o animales que no existen.
¡Está alucinando grueso! Así que no intente pelear con el hombre invisible, recuerde "Fight Club". Tampoco le ofrezca un cigarrillo, recurde la película de Chevy Chase; y mucho menos, lo moje o lo alimente después de medianoche, acuérdate de los "Gremlins". Mejor, relajadito y cooperando, que si lo que te mestiste estaba bueno, vas a tripear una bola.
TROPICAL
http://www.tropicalmag.blogspot.com

La primera noveleta ondergraun por entregas comienza hoy y se llama: TROPICAL. Sexo, drogas, lesbianas, violencia, pornografía, música y mucho más… síguela, te arrepentirás...

5 de octubre de 2005

Me desaté. Me abandoné del todo y fui.
Hacia los placeres, que medio reales,
medio imaginados en mi cerebro estaban,
fui en la noche iluminada.
Y bebí licores fuertes, como
los que beben los temerarios de la voluptuosidad.
Constantin Cavafis

Hoy fui a platicar con la Rimka, resuelta finalmente a visitarla en su corazón y casa. Me encanto siempre con las conversas de los amigos; porque los amigos son --como dijo Robert Lowell-- tan, pero tan espeluznantemente bellos... porque la belleza vive en el frotar las almas unas contra otras; en el blandirse cuerpo a cuerpo sin capa sin espada, sin armas. Defenderse, temer no sirven para nada. El riesgo navega en todos los ríos de los placeres; en las orillas está el miedo.

No esperas nada de Rimka, Rimka no te pide nada. Y así, estando lejos, estamos siempre cerca, y si nos encontramos, estamos y nos disfrutamos. Y yo disfruto mucho la parlata, el danzor, la musicata; el café y el cigarro; su casa, su terraza llena de sol, aire, caracoles, plantas; sus habitaciones llenas de cajitas, libros, fotos, juguetes y muñecos; el mosaico de colores en el baño, y la cajita de gelatinas donde ponen el teléfono; su historia siempre rellenita de dulces juegos; los arrumacos del Pancho y la distancia sabia de la Bicha, los coletazos y las olidas de cola de la Ritamargarita; un gallo, un chela, una discada dominguera con Andrés.

Soy muy feliz de que Rimka. Rimka me trajo a casa, y yo me la traje conmigo.

Rimka es vecina de mi corazón y mi historia. Abre sus ventanas y yo entro flotando. Abro mis ventanas y ella entra volando. Trajo un par de tazas a mi casa. A veces pasan meses en que no nos hablamos, no nos encontramos. No pasa nada. No requiero nada. La tengo toda ya en los cinco minutos. Nunca la extraño. Sólo días como hoy digo "quiero verte, voy a verte", y la miro trabajando, hablando por teléfono. Rimka escucha, pregunta, increpa, duda, ay!, plantea. Hoy, por ejemplo, estábamos reactualizando el Ejército de los Corazones Abiertos, que había incumplido su misión por dimisión o deserción de sus miembros. Todavía no estamos seguras de naaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaada. Pero hablamos de la necesidad de volver a la carga. El amor no es un juego cruel, una definición, una firma, engaños subterráneos, exigencia, chantaje, desencuentro sexual, decepción dolorosa. El amor no castra, no sangra, no mata. El amor no es ruina nunca. Dijo André Breton: "Lo que amé, lo sigo amando".

La pasión es otra cosa, otra cosa nostra, otra costra. Gozosa a veces, preciosa siempre. Pero agüitas dulces con la pasión que es incidiosa... Obsesión de repetirse hasta el hartazgo en el otro, de ser de otro, de poseer al otro, es la pasión funesta de quien quiere matar, morirse, enjaular o vivir enjaulado.

Hoy yo no quiero eso. Hoy yo quiero ir el sábado con Ana a encontrar por azar el lugar a donde vamos a ir a pasear. Hoy yo quiero el viernes que pasó, 15 viernes de mi vida de esos. Hoy yo quiero el futuro incierto. Hoy yo quiero la memoria vertida en la calle, en la plaza, en el Tapanco, en los cuadernos. Hoy me desvelo furiosamente alegre, locamente así sin pena. Me gusta en el fondo esa mi desprestigada manera de navegar sin planes reales. Me gusta en sus formas la desordenada manera de mi cuarto. Me gusta el silencio ante los sentimientos innombrables. Me atrevo en la oscuridad.

Sólo hay faros en los puertos. En tierra o mar son andares a las tientas y las ciegas. Me dirijo hacia la esquina del planeta. Mi cuerpo sigue temblando. Estoy viva y coleando.

4 de octubre de 2005

30 de septiembre de 2005

Azoteidad. Calma. En casa diga no importa, señorita o punto final; aquí no desbordó las aguas un huracán, y jale pa' donde sus miras andantes o sus espeluznantes amigos. Adentro del agujero seco hay una cuerda. Tire de ella. A ver qué pasa.

12 de julio de 2005

i. Definiciones

Caracol:

  • Cada uno de los moluscos testáceos de la clase de los Gasterópodos. De sus muchas especies, algunas de las cuales son comestibles, unas viven en el mar, otras en las aguas dulces y otras son terrestres.
  • Cada una de las vueltas que hace un camino.

Diccionario de la Real Academia Española

Onde mamá y papá –osea, en casa—yo era el pelícano. Emigré y viví con la abuelita, Pitín Peláez, poco más de seis años. Luego anduve en la Santa María la Ribera, en Nativitas, la Del Valle. Ora habito en la Roma Sur, o la Roma a secas, según se quiera. La cosa es que más que casa, yo tenía un caso, que era el de la errante o errática –según se vea— manera de vivir esta ciudad.

No soy el ejemplar ideal de la vida trashumante, ni mucho menos. Pero sea, quizás, el haber vivido tan arraigada a mi casa y mi barrio, allá en la Cuauhtémoc, los primeros años de mi vida; y quizá también para hacerme un poco la sufrida, que me fui haciendo a la idea de que yo no tenía casa, que era un ser descasado.

Más que un reclamo a la familia o una gana de rascar donde picaba lo veía con un halo romántico trasnochado para atajar mi frustración por no haber concretado mi plan de trotamundos. Como en realidad me quedé añorando la idea de ser viajera y vagabunda, me fui buscando una imagen asequible que le llegara aunque fuera a los talones.

Tons dije, soy un caracol, ando con mi casa a cuestas. Algo así como soy bien chingona, porque no necesito hacer puntos en el infonavit, ni conseguirme un crédito geo, ni aprender a construir nada. Soy un animal con la habitación integrada.

Y los últimos años me hice una mini-mitología bestiaria personal. Así, por ejemplo, ante el truene amoroso, me convertí en una gata, para poder lamerme las heridas, y sola curarme. Y también me acuerdo que me encantó enterarme que en el maya y en el horóscopo chino me toca ser serpiente. Entonces, buenísimo porque todos mis proyectos de cambiar radicalmente de piel encajaban con otra imagen animal. Y así.

Bueno, la cosa es que ni caracol, ni gato, ni serpiente, ni pelícano. Sin mi ropa, sin mis zapatos, sin mi casa, sin quien me ayude a ponerme las gasitas, me siento un ser espeluznantemente vulnerable, inseguro, ansioso. Con ropa también, pero no tanto, y se nota menos.

La ropa convierte a las personas en personajes. Su manera de arroparse las distingue, en efecto; las pone en relieve, subraya peculiaridades. No estoy hablando nomás del estilo, el luk, o el calcetín como detalle de distinción. Pienso en cómo una prenda a la que le falta un botón o le cuelga un hilo puede ser un gran indicio de la persona. Los animales no se visten, sobra recordarlo (bueno, hay quienes descubrieron que era buena idea tener suéteres para perro y uniformes para caballo). Los seres humanos desnudos somos los animales más vulnerables del planeta. Excepto un ratito del día en una playa calurosa con hamaca y sombra.

Tons, la desnudez, el caracol. Y que me acuerdo de Pulpo Milenario u Osvaldo, como usté guste. Osvaldo era uno que al principio creímos que era una babosa que había llegado por algún camino y razón extrañas --o sin razón, pero con camino-- a nuestro lavabo del baño, en la comunidad mexinezolana de la Del Valle. Pero nanais. Con el tiempo descubrimos que era un caracol, sin caparazón, que vivía en el lavabo.

Salía y entraba por esos tres hoyitos que están debajo-detrás del grifo. Al principio como que se metía rápido cuando prendíamos la luz. Luego se acostumbró y andaba como Pedro por su casa, con la luz prendida, estuviéramos bañándonos, cagando o lavándonos los dientes.

Tuvimos que poner un letrero de advertencia en la puerta del baño porque hubo de todo, gente verdaderamente asquerosa, que no quería ni entrar al baño porque el bichito les daba repulsión. Y por supuesto, los hubo, quienes querían matarlo nomás porque hay gente así ¡ay!, un bicho; hay que matarlo.

Hasta que un día, nomás, otra vez sin razón --pero con camino, seguro-- se fue. Fin del personaje.

Luego yo también me fui.

Pero me llevé mi personaje, mi cuento guajiro de que yo era un caracol andante, padrísima la cosa, caracolandares y luego más accesorios al pequeño mito.

En poco tiempo me di cuenta de que sin casa, mi casa, de mínimo 4 paredes, un techo, un piso --y no una tienda de campaña, no una casa de otro que me acoge— me sentía mínima, casi miserable. Muy mal.

Pero, bueno, eso no duró mucho. Tengo una casa, linda, con ventanales, tina, plantas y toda la cosa. La comparto con una muy buena rumeit y está chido. Mi amor y yo quepemos en mi mínima cama, y si mi amor no está me mimo a mis anchas con mi almohada yo misma. Sola o acompañada, en fin o entresemana, disfruto hartamente el espacio en el que habito. Tengo vista al mar. Manía de colorear lo que aparece en gris en mis pantallas.

Tons ora pienso, insistiendo maniáticamente, que si yo soy, según si sí o si no, un molusco testáceo de la clase de los gasterópodos, soy de los terrestres, tipo Osvaldo Milenario: sin casa-caparazón, con corazón que necesita casa y una razón, o no. Al menos un camino, con sus vericuetos y sus vueltas.

Foto que tomé a las escaleras de mi edificio

10 de julio de 2005

ahora estoy muy ocupada apretando los músculos de la ausencia de mis gatos.

y me dio la reuma, y me duele la espalda. el gas llegó tarde, así que el caldo de pollo se hizo a media noche. con el pretexto de esperar a que se enfriara para meterlo en el refri, me desvelé hurgando en mis archivos de hilitos de cuaderno, en mis caligrafías infantiles. bueno, pues hasta me dio la reuma que me daba a los cuatro.

la gripe que tuve una semana ya se me quitó eso sí. entonces me hice un espacio para el futuro, que duró horas.

papá llegó a resolver asuntos domésticos y con propóleo. hablamos de la huelga del 99. evento que me es intrasupraultrarequetecontra afectivo. chiale. ni pex. así es. pero se pone bueno. papá se fue casi a media noche. se traslaparon su despedida y mi caldo de pollo.

regresé a lo de planear el futuro.

luego, me volvió la gana, la estancia de la piel de mi gatichi que tuve. acariciar gata regazo miau ronroneo la mató un perro. ay!, la extraño. y pienso que con las realidades y perspectivas de rumeis que me interpelan será difícil que me dejé adoptar por un bicho felino.

el futuro y el pasado, atravesados en un caldo de pollo. la media noche. la reuma. ay!, la espalda. y casi yéndome a cama, aprieto los músculos de la ausencia de gatos nocturnos, gatos libres, gatos que no serán míos ni yo de ellos. chiales. ni pex.

así es. pero se pone bueno.

8 de julio de 2005

me refrío. me recaliento. sudo, y me humedezco en mis aposentos. no me baño. sigo sudando. un dragón me recorre los adentros. expulso eso biscoso. me duele. ay!, el oído me duele. ay!, añoro los musgos donde llovía y yo era lozanía. parezco una vieja. soy una vieja. corro por los treinta. se me hace agua la boca tenerlos en mis manos, apretarlos, presumirlos. soy demasiado joven. no hay plan, no hay, plan. puro refrito. qué güeva me doy. a veces. a veces no. cuando me aburro me doy harta güeva. me aburro cuando me agüevo. es un maldito círculo vicioso en el que me quedo atrapada desde que empecé a tener los veintitantos. qué horrible década. ya pasará. ya seré vieja. seré un refrito más, y este mecanismo automático de circulación forzosa se habrá descompuesto muchas más veces. sudaré y sudaré hasta engrosarme la piel con una nata de mis años. no me bañaré. seguiré expulsando moco y añorando los musgos en que me recostaba sin pensar en nada. seré la misma vieja o la misma joven. de cualquier manera retozaré con mis cachorros imaginarios, esté desnuda, vestida, dormida o despierta. y no me aburriré.

11 de mayo de 2005

¿De dónde saca usté?

De millones de hipótesis vertidas en números y tablas falaces... de hormonas que tornan la tarde en nauseabunda... de planes y planos que se desangran sobre una playa poblada de gaviotas muertas de frío... de los chorros de fétido flujo escurriendo entre piernas y pedestales cotidianos... de preguntas que no logran sentar a la mujer en el banquillo (para que suelte la prenda sin necesidad de amenazarla con el plumón detector de mentiras)...de la frontera entre un mínimo dolor de cabeza y la paz de los sepulcros, de donde los muertos no regresan nunca con remedios o claves para deshauciar la angustia/porvenir... de los lugares en donde nos dejó el tren porque se le acabó la pila o allá onde nos llevó porque a lo único que llegamos a tiempo era a recoger el tiradero de nuestras porquerías... o de acá, de los tiempos sin huella material, de los tiempos que corroen las ganas y corrompen las almas, tiempos de mucho diente,
de incisivo filoso para desgarrar la investidura de nuestro nombre... de los nombres sin eco en las historias... de los personajes que nomás se sentaron a guardar silencio... de los gritos que nos pegábamos los amantes --cada uno metiéndose la mano en la garganta; cada uno mordiéndose el paño que detuviera la hemorragia amorosa, la pérdida de la razón, el nacimiento de la segunda cabeza de la serpiente--... del escalofrío en plena primavera... de la fuente ignota del placer y la espontaneidad... de la tenacidad de una manera inyectada en la neurona... de los hábitos nuevos y perdidos... del polvo junto de todas las ruinas mundanas sembradas en la tierra... de los aires que vendrán y de familia, de los vientos alisios que no se pacifican y de este medir el clima con el suéter... de la resonancia primigenia calcada en los portales de mi casa, mi corazón, mi coraza... de placentera placenta rosa que me alteró la noción del mundo... emerge mi personaje, se enruta mi tercera vía personal, se arma mi kit de novedosas recetas y menjurges sexuales, labiodentales... se construye mi cajón de dioses y diablos... se abre mi catedral de laicas y anticlericales urgencias místicas, mi músicalmente científica tentativa de mojar la enagua de vida con mi poquito amor y mi poquita baba de niña rabiosa.

10 de mayo de 2005

Le faltaba mucho aprender todavía del ingenio y la ironía. Pero con su primer chiste soso comenzó a convertir en polvo la seriedad agotadora de su vida. No supimos en qué momento ocurrieron las primeras risas, pero una vez que lo hizo no pudo parar hasta la madrugada. Dale que dale con las carcajadas. En el edificio resonaba el eco de risa loca. Todos dormimos acompañándolo tras los muros falsos y las ciertas distancias. Aunando a la risa suspiros de alivio, descargas cotidianas, las sendas jodas de nuestras metafísicas.

9 de mayo de 2005

We do not grow absolutely, chronologically. We grow sometimes in one dimension, and not in another, unevenly. We grow partially. We are relative. We are mature in one realm, childish in another.
Anais Nin

5 de mayo de 2005

Me enoja, me duele, me siento impotente. En casa familiar (donde no vivo) el hoyo es cada vez más grande, húmedo, negro y profundo. Me preocupa mi hermano de dieciséis años. Me duelen mis padres, con sus vendas que crecieron hasta convertirse en sacos. No puedo hacer nada.

Bueno, invito a fotos que tomé en mi colonia: http://community.webshots.com/user/caracolandares

2 de mayo de 2005

el aire fresco entra por la ventana. la habitación está templada. mi cama al lado de los árboles, los pájaros, las personas... mi barrio está dormido. no resuena el bailado sincompado de las escobas callejeras. sé que es tarde. sin apetito me suerbo los mocos húmedos de una antaño, allende tristecita...

la infancia era un turrón para acábarselo a lamidas. a mí me atacaba la reuma hasta en las primaveras y papá me untaba alcohol en las rodillas.

¡ay!, no hay nada. sólo este antártico retumbar en mi cabeza de un recuerdo de papel que se deshace con el viento, con el tacto, con el tiempo...

esta grieta en esta tierra. ¿me voy o me quedo? dudosa, no sé a qué distancia del mundanal ruido poner mi antena. mi única franelita por ahora es una espera, es una pera. pera, pera, pera.... lo demás no se chupa. sabe a metal. marea.

30 de abril de 2005

Cada promesa es una amenaza; cada pérdida, un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón.

Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.

En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo.

Galeano, 1994.

25 de abril de 2005

IF

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don't deal in lies,
Or being hated, don't give way to hating,
And yet don't look too good, nor talk too wise:
If you can dream-and not make dreams your master;
If you can think-and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build 'em up with worn-out tools:

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: "Hold on!"
If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with Kings-nor lose the common touch,
If neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that's in it,
And-which is more-you'll be a Man, my son!

Rudyard Kipling

23 de abril de 2005

irrumpieron en mis jaulas los peces rotos
las señoritas de la plaza dejaron sus vestidos verdes
para correr a la tienda de mermeladas

una plastilina de colores revueltos tengo en el lugar de los sesos

llorar, si se pudiera

lavo los trastos rotos
reconstruyo el sueño en que se aventó mi abuela, bruja buena;
la caída en el abismo era su vuelo hacia el confín de nuestras habitaciones

cortaron con picos los colibríes mis nudos
y las señoritas regresaron con tarros para untar en la coraza

cantar en son jarocho, si pudiera

rimo mi loca con mi boca
sencillamente vuelvo a ser la que regresó de allá abajo con tres rasguños
y se sacó de los adentros un coágulo de sangre sin vertir

amor en una concha color esmeralda,
cojo y veo estrellas en el huasteco húmedo,
me recreo en la urdimbre ocre del sol de una gorda sierra

la carretera, primer zona abierta de mis últimos andares

llegaron de visita los vendedores de pescadillas
e instalaron sus tiendas de campaña en mi memoria distraída

camino enfundada en un par de tennis arruinados

soy la pequeña que se fue de bruces por accidente, la que se arrojó sin miramiento en las montañas heladas, la que sigue a su abuela en una alfombra invisible

busco la vejez como quien encuentra un tesoro

14 de marzo de 2005

Distancia justa

En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo digo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.


Cristina Peri Rossi, 1994

3 de marzo de 2005

Nahuatzen: lloro trilcemente tu ausencia.
Mi entrañable, mi ahora amigo muerto, muerto
no tengo palabras más que robadas:

Disfruté tanto, tanto cada parte
Y gocé tanto, tanto cada todo
Que me duele algo menos cuando partes
Porque aquí te me quedas de algún modo….

24 de febrero de 2005

Un día remoto me compré un librito bien bonito en una de las librerías de usado y viejo de Álvaro Obregón o eSe Gualterio Medina o El libro de pan.

Pero era nuevo.

Me gustó su textura áspera, piel rugosa de un ejemplar flaquillo. Un separador de piola blanca brillosa me sedujo (no tiene grapas, está sutilmente bien doblado). Me lo llevé colgando de un dedo por el camellón, después de enterarme distraídamente de que se trababa de un libro sobre pan.
Llegué a casa y lo guardé sin volver atenderlo.

En realidad siempre habitó con los de su estirpe, entre lo invisibles, los sietillos, los que no pesan. Delgadas sus hojas y sus cuerpos. Sin lomo para atraer una mirada incauta, sin títulos de seducción. Solitario de anchos márgenes, en librero vive en el departamento de hasta ribota, siempre silencioso.

Creo que está medio enamorado de su vecina loca, una colección chula y antigua, de colores, de poesía y cuento de la UNAM. La más vagabunda, se conoce las calles de mi casa con la palma de su mano. Va al baño, a la cocina, a la sala. Se codea con todos los círculos sociales del librero. Anda a deshoras fuera de cama. Creo que es la puta del libridificio.

Pero, volviendo al trigo, sin llegar al grano, el caso es que hace rato andaba sintiéndome provocada por un recuerdo que me costaba recuperar. Quizás hace unos días tuve alguna intención obscura con él. Eso ya lo olvidé. Hoy, race ratito, cuando entré por la puerta de mi edificio, pensé “ajá, el libro de pan”.

Transcribo lo que encontré tras la lectura. Por lo demás y por lo de antes, es un libro bellísimo, rico, una invitación deliciosa a los recuerdos del gusto, de la quijada, el labio, de la lengua y del lenguaje. Se me hizo agua la boca. Mis manos acarician pan de libro.

Pero fíjate que, además, que es exquisito en descripciones. Patiné cual mosca nocturna en bandeja de panadería. Y me trajo el barrio, y a mi papá de medianoche, húmedo, oloroso. Llegaba con una bolsa de papel destreza con manchas de grasa. Había que adivinar el contenido mirando las protuberancias del bulto. Recuerdo que una vez descubrí, sin lugar a mis dudas, el lugar de una dona. Grité “¡Dona!”, con seguridad divertida y la estrujé, desde afuera, con todas mis fuerzas. Se rompió la bolsa. Me tocó comer dona aplastada. Me supo más rica.

Osea de que quiero compartir con usté de mi mordida de concha, remojando caparazón en taza de cafecito con leche. De postre, beso cajetoso.


Camelia o concha

Es circular. Su base plana y su parte superior en cúpula la semejan hemisférica.

Su interior es de masa amarillenta; porosa y suave, parecida al migajón pero menos compacta.

Por encima la cubre un conjunto de figuras cuadriláteras de color amarillo (hechas de una pasta dulce) que la hacen parecer una tortuga blanda. Entre esa figuras, las estrían dejan ver una superficie tostada, color ocre. Concha de tortuga, sí, tortuga amarilla, inofensiva, pero no menos fantástica que las verdaderas.

Oreja

Su nombre, al compararlo con su forma, resulta empobrecedor. No es simplemente la representación de una oreja )a menos que pertenezca a un fantástico animal imaginado parte por parte en cada pan, soñado por los panaderos. La integración de los padres en un solo monstruo es inefable aquí), sino algo más libre: Un arpa, un remolino, un eco de azúcar, una múltiple “B” repetida en un espejo concéntrico. Acaso sea –no la oreja—sino el acto de oír, las ondas metidas en el caracol acústico lo que designa esta figura.

Sí, es la forma de una “B”, sin el travesaño intermedio, algo como la mitad superior del corazón con sus aurículas solamente. El diseño de la “B” se repite, concéntricamente desde el núcleo a la orilla, cuya forma es la misma de aquél. Cada línea (cada diseño de “B”) está hecho de una pasta delicada como las del pan de polvo, y entre una línea y la siguiente hay un intervalo de oscura salsa dulce, a manera de margan, de surco.

Cuerno de mantequilla, 1

Aunque parecido al “croissant”, posee una innegable nacionalidad mexicana que lo presenta a la voz popular como ejemplo del pensamiento picaresco de México.

Su forma es un equilibrio entre carnero y molusco, que el orfebre barroco aprovecha para mezclar varios posibles orígenes. Algo como un caracol enroscado en espirales que asemeja un par de cuernos. Su interior es una masa suave perfumada con leche y sabor a huevo batido.

O

Cuerno de mantequilla, 2


Es el cuerno ya descrito. Pero en otra versión, la que las puntas están tan unidas que simulan las pinzas de un cangrejo. Es uno de éstos, con las tenazas unidas al frente.


Trenza

Es una columna espiral como las de la Alambra. No termina en punta, sino que propiamente carece de extremos definitivos.

Es una sola circunferencia (una rosca) que está torcida para formar una trenza, un churro cilíndrico.

Así como las roscas, que son dos circunferencias entretorcidas en un solo espacio ondulado, su color es el mismo, tostado y opaco. Su interior es migajón seco y poroso, salado, grasoso.


La micha

Recibe diversos nombres en las numerosas regiones del país: birote, torcido, telera, resobado, francés. Este último nombre confirma lo dicho en este mismo párrafo.

Su forma es elíptica, casi romboidal, pero curva. Sus extremos rematan en punta, una punta redondeada, como apéndice. Su centro es abultado como una barriga. Allí alcanza su máximo espesor, que decrece hasta llegar a las puntas… Tiene una abertura que recorre su longitud de punta a punta, con un grueso borde que la limita. Esta abertura le da apariencia de bolso cerrado o –mejor--, de fruta que se ha hendido para descarnarse.

La primera impresión de su forma completa es la de ser un vulva con sus labios mayores cerrados; en rictus de virgen.

Su exterior es una corteza dorada, color madera. Su interior es migajón suave.


(Continuará…)

Samuel Walter Medina, Repostería (el pan mexicano) barroca, Ediciones Papel de Envolver / número treintai3 de la Colección Luna Hiena , Universidad Veracruzana, 1987. El editor fue A. J. Fernández y el que diseñó y dibujó los forros fue Pepe Maya. Se imprimió en los talleres de “El Lema”, en Xalapa, Veracruz. Formaron Emilio Galindo y Gilberto Macías e imprimió Rafael Ramírez Garrido, sobre papeles de estraza y cartulinas minagrís. La edición consta de 1000 ejemplares y la cuidó el editor.

Dicen unos que lo conocen a eSe Gualterio, y a mucha gente más, que nació en el 53, y que debiera juntársele con los raros (Apollinaire, Julio Torri).

Yo no sé, yo ahora tengo antojo de esa galleta de avena gigante que está envuelta, partida en dos cachos sobre el refri. Y un vaso frío de leche.

Buenas las tenga
.

22 de febrero de 2005

Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimientos sin o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del derecho
y de las vueltas y revueltas y las marañas y recámaras y remembranzas y remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo sípido de lo remucho y lo repoco y lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y refrotes de lo remanoseado y relamido hasta en sus más recónditos reductos
repletamente cansado de tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin remedio
y tara vana en ansia de alta resonancia
y rato apenas nato ya árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo del malogro y de lo pornodrástico
cansado hasta el estrabismo mismo de los huesos
de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo hidefalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo y líbido y oficio
recansadísimo
de tanta tanta estanca remetáfora de la náusea
y de la revirgísima inocencia
y de los instintitos perversitos
y de las ideítas reputitas
y de las ideonas reputonas
y de los reflujos y resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de resonancias huecas
y madres playas cálidas de hastío de alas calmas
sempiternísimamente archicansado
en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo o sensitivo tibio
remeditativo o remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del cansancio
del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento
y al silencio


Girondo

16 de febrero de 2005

Si quieres descansar... camina, y el día durará lo que tú quieras.

El Principito.

8 de febrero de 2005

Nos encontramos con una doble responsabilidad:
la transmisión de una tradición amenazada por el conformismo, y la exploración de los contornos inciertos del futuro. Daniel Bensaid

6 de febrero de 2005

Y si no puedes hacer tu vida como la quieres,
en esto esfuérzate al menos cuanto puedas:
no la envilezcas en el contacto excesivo con la gente,
en demasiados trajines y conversaciones.
No la envilezcas llevándola,
trayéndola a menudo
y exponiéndola a la torpeza cotidiana
de las compañías y las relaciones,
hasta que llegue a ser pesada como una extraña.

Kavafis

2 de febrero de 2005

Caracoles /2

Parece absurdo escribir de caracoles en un diario cuando hay asuntos de Estado que reclaman, o crímenes y bodas importantes, pero a veces es bueno desperdiciar un poco de tinta para hablar de un salero, de un trozo de madera o de una lata. Rojo y oro, ruido de metal contra la acera, eco. Este bote ha dejado de ser uno cualquiera para convertirse en éste, que trato de rescatar para la historia. Un bote de cerveza, medio roto, arrojado desde un auto al pavimento de esta ciudad que, también, fue arrojada en el desierto.

Norberto De la Torre

31 de enero de 2005

Caracoles

Algunos caracoles escriben libros y luego se dejan morir con ellos en un charco de sal, esto reporta David Ojeda en un minucioso tratado sobre los testigos del jardín. De ahí se desprende que en los jardines hay lunares de sal, ojos que acechan desde el césped, en ellos mueren las hormigas; las libélulas y los caracoles; las arañas y las mariposas. Lo que verdaderamente importa de todo este asunto son los libros, ocultos bajo costras blancas, marchitos. En todos los jardines hay libros de sal que narran historias de sal en escenarios de sal. Pero también es cierto que en todos los libros hay jardines, desiertos, ríos de caracoles que van al mar para morirse.

Norberto De la Torre

23 de enero de 2005

Mi abuelita Pitín - 1-

La casa de mi abue guarda la memoria de una familia de ocho hijos musicales, cinco yernos, tres nueras y 17 nietos. El piso de madera cruje un nostálgico arrullo infantil, cantado a capela. La cocina está llena de violetas. Las habitaciones, de fotografías. Todos nosotros estamos ahí, detenidos en un momento del tiempo. Las hay en blanco y negro (las viejas, y las que toma mi tío Memo) y a colores (las clásicas y las coloreadas, también por Memo, en Photoshop).

Viví con mi abue 10 años de mi vida. Fue un regalo de la vida. Me enseñó hábitos, canciones, historias y acertijos que aún voy descubriendo. De repente, por ejemplo, sé que hay que echarle una cucharada de aceite de olivo a los frijoles, para aminorar los efectos flatulentos... y ¿eso de dónde lo saqué? Pues de mi abue.

Mi abue se despertó temprano toda su vida. Cuando para mí era madrugada, para ella el mediodía. Cuando estaba de buen humor cantaba. Yo me despertaba deliciosamente. Cuando estaba tranquila, pero no tan contenta, me llevaba un jugo de frutas a la cama. Cuando estaba tensa, iba me decía "Órale, Alicia, ya levántate; son las nueve de la mañana". Jamás habría podido escaparme a tender mi cama. Gracias a ella, la vida empezaba temprano y bien. Todo en orden. Nunca faltó el desayuno nutritivo. Mi abue es de esas mujeres que enfrentan la vida diaria natural e impasiblemente.

A veces, nos desvelábamos platicando, de pie y en el largo y cálido pasillo, hasta las 2 de la mañana. Como todas las abuelas, supongo, mi abue me contó historias terribles y fantásticas, divertidas y trágicas. Nació en el mochísimo León, Guanajuato, en el 29, el día de las Guadalupes, por eso es Lupita, Pitín, Pitincita.

Hoy en la mañana hablábamos de cómo estamos --los seres sociales-- tan acondicionados a la idea de que no podemos vivir sin pareja. Ella sí; su marido murió una noche de Navidad, cuando ella tenía 36. Ella está de acuerdo con mi prima en que nos transmitió cierto temor por los hombres. "Claro, dice, el que con leche se quema hasta a la vaca le sopla." Nos cagamos de risa, y me despido de ella, contenta de tenerla.



20 de enero de 2005

Vuelvo a comenzar. El experimento sigue. A ver qué pasa. Si nada, mejor. Si no, se ahogará.

Amanece frío.

Moción de enero:
1. Admitir y administrarse la debilidad.
2. Compartir y guarecer la vulnerabilidad.
2.1. Cambiar el tema como quien vende palmeras, si el tema llegó al atolladero de los necios.
2.1.1 Llevar como sin darse cuenta a la madre a comer pay de limón, cuando se pone siciliana la discusión.

Si aprendes a cerrar tu puerta, sabes que los que están en el cuarto de al lado no quieren que entres sin tocar a la suya (aunque parezca abierta). ¿Porqué en las familias cuesta tanto entender la metáfora?

Una personal y nueva técnica del self ...que pase por el buen humor, el buen amor, el trabajo arduo, el descanso administrado, la imaginación en su alfombra mágica, rutinas solitarias, lecturas placenteras, caminatas largas, toda la música del mundo, un buen comer, tina para bañarse en ella... cobija si hace frío...

(Cortazariana:) Una cita con cada fuente al término del día.

Anochece frío.


19 de enero de 2005

"La seguridad es casi una superstición. No existe en la naturaleza, no existe para los niños o para los hombres con experiencia. Escaparle al peligro no es mas seguro que salir a luchar. La vida es una osada aventura o no es nada."
Hellen Keller

14 de enero de 2005

A lo largo de los cruces de tu camino te encuentras con otras vidas: conocerlas o no conocerlas, vivirlas a fondo o dejarlas correr, es asunto que sólo depende de la elección que efectúes en un instante. Aunque no lo sepas, en pasar de largo o desviarte, a menudo está en juego tu existencia, y la de quien está a tu lado.

Susana Tamaro

8 de enero de 2005

Cómo la gente se busca

Si me hubieras buscado entonces... estaba sentado en un banco no sé de qué parque. Pero primero me di un paseo. Contemplé el Moldava, los patos, compré limonada y, en Václavské Námìstí, dejé que me limpiaran las botas. Anduve debajo de un cielo de atardecer anaranjado, anduve y todo el tiempo estuve... cómo lo explicaría... como suele estar la gente cuando les parece que sueñan con algo pero no están seguros. Me fui al parque, paseaba y continuamente tenía esta sensación extraña, como si hubiera perdido algo esa tarde. Y tenía todo conmigo: el documento de identidad, la pluma cargada de tinta..., bueno, y dinero. Contaré hasta mil, dije, es lo mejor, mecánica pero científicamente. En esto, vi un banco. Era imperceptible, como en una esquina, bajito. Había gente sentada; bueno y ¿qué? Había una persona mayor que leía un libro y en el otro extremo se balanceaban... cómo lo diría... ni siquiera miré bien, una especie de rizos claros y una nariz. Y también una gorrita azul con una borlita. Me volví hacia el banco como de pasada —por supuesto no me paro, sigo y cuento. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... Miré hacia las ramas —unas señoras ramas. Los rayos de sol se filtraban entre ellas y caían sobre la hierba como lluvia dorada. De repente, me sentí más ligero y me dije: Contaré rayos de sol. Es una tarea concreta; por un lado sobria, pero hay en ella incluso un aliento de poesía. Conté once y, súbitamente, me asaltó el pensamiento de si la borlita (si es que te acuerdas) era azul. La gorra era azul, eso lo sé seguro. Se originó en mí este dilema. No, me dije, la borla era más bien roja. Era roja, ¡de color guinda! Decidí que me volvía —qué pasa. El fin de los fines no decide el camino; en los paseos sí, claro. Y tampoco voy a contar rayos de sol, es demasiado improductivo. Encima me empezaron a doler los pies. Me volví hacia el banco y dije: Perdone, ¿está libre? De pronto vi que solamente estaba allí el señor mayor canoso con el libro. ¡Nadie más! Perdone, dije, disculpe que le moleste, ¿no sabrá por casualidad?... estaba aquí sentada hace un momento, no sé cómo la describiría... Sí, estaba, me dijo, y qué pasa... Nada, ¿qué podría pasar? Sólo que no me deja tranquilo una cuestión. ¿No se acuerda de cómo era la gorra que llevaba? ¿Roja o azul? Tengo mis motivos, científicos... El hombre canoso se asustó. No recuerdo, dijo cauteloso, y me observó atentamente. Después se levantó rápidamente y se comportó como si estuviera acostumbrado a cualquier pregunta y nada pudiera sorprenderle. ¿No va usted, empezó a hablar, al dentista de Støesovice? ¿O a la sauna? Me resulta usted familiar. Yo trabajo en el depósito de agua, mi nombre es Rambousek... Se inclinó y se fue. No demasiado deprisa, para guardar la compostura, y no demasiado despacio como para dejar su persona en manos de dios sabe quién... El asunto quedó de momento sin resolver. Me senté allí solo. No lejos de mí descansaba una estatua blanca, puede que fuese Venus. Alrededor había un gran silencio, y el mundo era prácticamente violeta debido al atardecer. A ti te va bien, le dije a la estatua, eres una estatua; pero yo, chica, soy una persona. Me voy a casa, pensé. Por la noche podría plancharme unos pantalones y tengo también a medias una partida de ajedrez... Solía jugar entonces contra mí mismo. Súbitamente, recordé a Robert Janù, cómo empujaba el cochecito de niño. Y alrededor del banco había un olor a hierba, a árboles, y a algo más, algo como la miel o como el vino. Ahora no sé exactamente cómo era, si dulce o amargo. Pero más bien dulce y amargo a la vez. La estatua se comportaba demasiado severamente, era una estatua mayor y experimentada. Me fui hacia la parada de tranvía más cercana. Era de noche. No tuve ni que mirar y en seguida lo supe. Ni siquiera volví la vista, simplemente sabía con toda seguridad que en el otro extremo del andén había alguien. Quizá incluso sabía quién era. Si me volví entonces hacia ese lado sólo fue para confirmarlo. Pero el color de la gorra no pude averiguarlo porque la isleta estaba iluminada con una luz violeta. Así que paseamos por la isleta, como si esperáramos al tranvía. Simplemente esperábamos, no sabíamos nada el uno del otro. Éramos extraños. Bueno, creo que podría decir que casi estamos en abril, quizá sería incluso de buena educación. Ya sé. Empiezo a quejarme de los transportes públicos. Es fácil y no es ninguna hipocresía. Así sabrá que me tomo la vida críticamente... Cuando nos cruzamos por medio del andén de nuevo, no dije nada. Los transportes públicos me eran indiferentes. Abrigaba hacia ellos en esos momentos sentimientos incluso amistosos y, solamente, temía que el tranvía realmente viniera. Que llegara, que hiciera sonar el timbre... y que se marchara. Era importante decir algo rápidamente, o hacer algo. Tal vez reírme enigmáticamente. Uno se puede reír solo y, en cualquier caso, resulta interesante. No dije nada, ni me reí. De pronto me sentí resignado. Bueno, qué, me dije, en casa me pongo la radio. Me llevo un libro a la cama, tal vez de poesía... Y los pantalones me los plancho mañana. O los llevo al sastre. ¿Qué pasa, que uno se tiene que planchar los pantalones solo hasta el día que se muera? De repente vino el tranvía. La chica subió. Me pareció como si la conociera hacía mucho, mucho. Y la parada del tranvía era en ese momento como una estación de tren. Ella tal vez lo sabía porque, durante un pequeño y descuidado instante, se volvió y miró hacia mí claramente. El tranvía hizo sonar el timbre y se marchó. Me quedé mirando cómo se iba lentamente. Ya no podía verla. Ni había luz, ni siquiera luz. Bien, iré a casa y terminaré la partida de ajedrez, me dije finalmente. ¿Sabes que ni siquiera sé cómo era la gorra?, ¿roja o azul? O, ¿resulta que era verde? Te cuento esta historia sobre cómo la gente no se encuentra, porque un día también esperarás en una estafeta y querrás hablar con alguien; esto le ocurre a todo el mundo en las ciudades. En los pueblos suelen ser más audaces, y además no hay tranvía. Sin embargo, un día sí corrí tras el tranvía. Iba en él tu madre.


Fragmento de Estudios infantiles, de Ludvík Aškenasy; versión de Elena Buixaderas, en revista La voz de la esfinge, julio-septiembre, 2000.

7 de enero de 2005

Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.

Tengo vergüenza de mi boca triste
de mi voz rota y mis rodillas rudas;
ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano...

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!

Gabriela Mistral

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