"carnal me gusta el alma y con alma la carne", lezama lima

29 de septiembre de 2006

Lo público es de todos, de nadie es.
Es como el aire, el sol, que está clarito que no son de nadie, aunque a todos nos hacen vivir. Igual que el agua y la tierra. Gracias también a ellas que tenemos alimentos para comer y estar fuertes y vivir. La agua y la tierra --y lo que ellas son junto con las plantas y los minerales y los bichos y las piedras-- no las hizo nadie, pero se trabajan para dar el alimento a los seres que para ser necesitan estar vivos, o sea comer bien. Aunque ya hay unos ue venden botellas y recipientos con agua o cercas y fronteras que adentro hay tierra, pues de todos modos lo que está adentro de esos recipientes pues no son de nadie; sirven a todos, pero de nadie son. Lo que te venden y te compras es la botella o la frontera --y varias ideas pegadas en ellas--, pero no, el agua y la tierra no son de nadie. O podemos decir, para entendernos mejor, si de alguien son, pues de quienes las trabajan, trabajan con ellas.

Entonces, quedamos que la tierra y el agua, como el aire y el sol son públicos porque no son de alguien, sino de nadie, sirven a todos.

Está difícil vender el aire y el sol. Más fácil es apropiarse de la tierra y el agua, que sirven a la vida y supervivencia de todos --humanos y bichos y plantas--, y acapararla (siempre esto ha sido por la vía de la fuerza, la violencia, la conquista, la guerra, la represión, el fuego, la bala, las armas, la cárcel, la tortura, la mentira, el engaño, la infamia). Ya después de acapararla, contarla, dividirla, racionarla entonces las reparten.

Primero se acaparó la tierra y luego el agua, porque las gentes hicieron sus primeras casas cerca de donde hubiera o pasara o cayera agua.

Luego se acaparó el agua, más que nada la limpia, porque la otra se contaminó con varias cosas, entre ellas caca, pañales desechables, latas, químicos y hasta una cosa muy terrible como la radioactividad (no sé si es muy científico mi término, pero me quiero referir a la que da cáncer y enfermedad).

Entonces ya acaparando unos poquitos --que tenían las armas (y sus amigos, aunque no las tuvieran, igual sabían mentir y engañar y traicionar y tratar mal a los demás)-- la tierra y la agua, pues los ponen de rodillas a suplicar porque les den, porque son tan necesarias a la vida, como cualquiera sabe. Y ya de rodillas pues no hay mucho margen de maniobra, la verdad. Te pones a trabajar como esclavo o siervo o te buscar el modo de pagar por ellas. Las consigues, racionadas, dejándote explotar y maltratar --o con dinero.

Pero no todos tienen dinero. Precisamente porque tienen el dinero los que acaparan la agua y la tierra, porque ellos explotan y cobran por ella. Y entre más tierra y más agua, pues más dinero. Y entre menos dinero, pues menos tierra y menos agua.

Y aunque trabajes, no es que te puedas poner a descansar e irte de vacaciones. Porque resulta que la tierra y el agua requieren muchos trabajos para dar los frutos y estar limpias y seguir viviendo y dando vida. No es fácil. La naturaleza no se cuida, no se conserva sola. Si tu pones agua, pero no le das viada, salida... se estanca y se echa a perder, ya no te la puedes tomar. Si tu pones tierra pero la maltratas, no le das agua, aire, y la conoces bien y qué te da y qué necesita (minerales y eso), pues también se enferma, y ya no quiere dar el alimento, y hasta parece que ni quiere vivir.

¿Por qué no se mueren el sol, ni la tierra, ni la agua, ni el viento?

Entonces venía diciendo yo que pues los que trabajan la tierra trabajan muchísimo, lo mismo los que siembran y cosechan peces, que les llaman pescadores, pero no solo pescan, sino que también conocen y respetan al mar, y no le quitan lo que le hace falta, o sea también siembran, por decirlo de algún modo.

La agricultura y la acuacultura son los modos en que las comunidades de humanos que viven juntas aprenden a conocer y trabajar la tierra y la agua, para vivir.

Por todo esto del acaparamiento de unos y del trabajal que implica mantener viva la la tierra se dice que la tierra es de quien la trabaja. Porque siempre son un chingo los que trabajan la tierra (les llaman, principalmente, campesinos, porque están en el campo) y bien poquitos los que viven del trabajo los campesinos sin hacer nada, sólo meter bala y exigir dinero.

La tierra no es de nosotros, pero de nadie es entonces. O si es de alguien, pues de quien trabaja en ella para alimentarnos a todos, ¿no? Pero de quien trabaja en serio. No de quien cobra, a punta de sangre y bala. Eso no es serio, ni congruente, ni bueno, es bien pinche culero.

Los que no trabjamos la tierra tenemos la responsabilidad de retribuir a los que sí la trabajan, los campesinos, por el alimento que nos dan. Además, no sólo nos dan alimento en forma de comida, también nos dan alimento en forma de materiales para construir las casas, hilos para hacer los pantalones y los vestidos, los pinceles y las brochas.... uuuuuuuuuuf! Un chorro de cosas muy básicas, muy necesarias. Entre ellas, la más importante, después de la pura comida, pues los remedios y curas para la enfermedad (desde el té de cebolla o de hoja de coca hasta las pomadas y cápsulas con extractos de hierbas y así).

Los remedios y las curas conforman lo que ahora se llama medicina. Además, así como hay tantas acgriculturas y acuaculturas hay modos de curar, es como si fuera curacultura o sana-sana-colita-de-rana-cultura. O sea, cada comunidad tiene una su agri, su acua y su sanacultura, todas son para lo mismo, pero se diferencian según donde vivas, si es montaña, playa, desierto, callejón, selva... y la cantidad de calor o frío y agua que haya.

Entonces, volvemos. De entre los que trabajan la tierra y el agua tenemos también a los que aprenden a curar, a cuidar a los bichos y las plantas (para que siga habiendo más bichos y más plantas); los que cuidan de los ganados, los que la limpian, los que enseñan a conocerla y trabajarla sin contaminarla, a la tierra y la agua.

Decía que de los que la trabajan hay de muchos tipos, no sólo como agricultores. También médicos. Y están los que trabajan con y por los que trabajan la tierra. Uy, de ahí hay varios... por mencionar unos cuantos, los fabricantes de objetos, las parteras, los maestros, los que cuidan a los enfermos y a los viejos, etc.

Acá en la ciudad habemos muchos que ya estamos tan lejos y tan perdidos que luego se nos olvida cuál era nuestra relación con el agua y la tierra y los trabajadores directos de ella, y todos los demás... y nomás trabajo o dinero, por una maceta o una botella, un pedazo de piso, una renta.

Pues es algo que está haciendo falta recordar y poner en claro en estos tiempos. Si nuestra memoria del corazón y la mente se conectan y sí prenden, o sea sí funcionan, me parece que está claro que mientras nos queda claro tenemos ya la responsabilidad de estar con o cuidar o retribuir o acompañar o luchar con o como se diga o se vea, los que trabajan la agua y la tierra.

El dinero no es la única vía. El dinero no es imprescindible. Se pueden pagar muchas cosas, se puede retribuir, se puede estar con, se puede intercambiar, sin que sea necesario el dinero. Para eso hay mucho en qué ponerse de acuerdo, porque ya ahora es el tiempo en que están instaladísimos los acaparadores, y tienen harto, y nosotros poco, pero nos han convencido y obligado (con las palabras engañosas y la bala) a que es todo con el puro dinero. Ni madres. Claro. Hay mucho que inventar con respecto a esto.

Pero, por ejemplo, la tierra nos llama, como nos llama el cuerpo. Los síntomas es el modo que tiene el cuerpo de avisarnos que está mal. La enfermedad es cuando de plano ya se instaló el mal/malestar en el cuerpo. Uno puede no atender los síntomas, no querer ver la enfermedad, pero eso no la hace desaparecer, nomás la invisibiliza. Y pues uno se puede hacer pendejo, pero haciéndose pendejo uno no se cura nomás. A veces sí, como con unas gripitas que nos dan en este tipo de ciudades, pero muy pocas veces. Es igual con la tierra, uno se puede hacer pendejo con ella, pero eso no la salva, sino todo lo contrario.

Invariablemente, aunque uno no la haya querido ver, atender a la enfermedad, llega el momento en que la enfermedad lo hae a uno sentirse y verse muy mal; está uno trise, débil, alicaído, ya con mucho dolor y ganas de llorar. Todos lo sabemos: la enfermedad no se quita con la imaginación, la pura palabrería o la mente. No se puede cambiar el estado de la materia, del cuerpo, de lo orgánico o de lo que está vivo sólo con las ideas o las intenciones. No. A como es la vida, hasta el día de hoy, para transformar la circunstancia o el estado de las cosas: es preciso hacer algo.

Si me permite el lector unas cuantas explicaciones de qué es HACER:

La palabra viene del latín facĕre. En nuestro idioma y nuestra cultura significa muchas cosas: Producir algo, darle el primer ser. Fabricar, formar algo dándole la forma, norma y trazo que debe tener. Poner por obra una acción o trabajo. Realizar o ejecutar la acción expresada por un verbo enunciado previamente. Formar algo con la imaginación o concebirlo en ella. Causar, ocasionar. Disponer, componer, aderezar. Componer, mejorar, perfeccionar. Dar un determinado aspecto. Juntar, convocar. Habituar, acostumbrar. Cumplir una determinada edad. Recorrer un camino o una distancia. Arreglar o embellecer... Entre jugadores, asegurar lo que paran y juegan, cuando tienen poco o ningún dinero delante. Conseguir, obtener, ganar. Proveer, suministrar, facilitar. Hacer a alguien con dinero, de libros. Representar o interpretar un papel. Dejar espacio para alguien o algo modificando la disposición de las personas o de las cosas. Cursar un estudio académico. Expeler los excrementos o la orina. Conseguir alcanzar una velocidad.
Obrar, actuar, proceder. Afectar. Corresponder, concordar, venir bien con otra. Desempeñar una función, representar un papel o servir de algo. Poner cuidado y diligencia para la ejecución de algo. Crecer, aumentarse, adelantarse para llegar al estado de perfección que cada cosa ha de tener. Llegar a ser. Abrazar un credo, una ideología, una corriente artística, etc., y entrar a formar parte del correspondiente grupo, partido, secta o club. Hacerse cristiano, comunista, surrealista. Hallarse, existir, estar situado. Apartarse. Dominar, controlar. Ir a parar, resultar, ocurrir. Volverse, transformarse.

Tenemos muchas opciones, como se puede recordar, al leer esta sugerente lista.

Siempre se HACE, se crea, se transforma, etcétera, A PARTIR DE ALGO. La cultura es ese "a partir de algo". Ese algo es todo el legado, la historia, la memoria, los recuerdos, los aprendizajes de los seres humanos con los que vivimos, convivimos y nacimos. O sea que es más bien un "a partir de muchas personas y circunstancias". Todas esas personas que estuvieron antes y que ya se murieron, o que viven con nosotros, cuando viven COMO nosotros es que compartimos modos de ser, de hacer... o sea una CULTURA.

Los modos de ser y hacer son lo que se llama hábitos y costumbres, tradiciones. Hay modos de ser y hacer siempre lo mismo y hay modos de convertir, subvertir, transformar las cosas. No siempre ha sido todo igual ni se han hecho las cosas igual, porque las personas y las culturas y las geografías y los ecosistemas y las ideas, y las costumbres cambian siempre, están siempre siendo otras. Entonces la CULTURA es más o menos el modo en que las comunidades aprenden a lidiar, desde su propio modo, con el cambio, con las circunstancias históricas. Es muy importante por eso la CULTURA, porque encierra claves, herramientas, secretos y trucos para que los que nacieron en un lugar y momento determinado, tú o yo, podamos lidiar con la existencia, estar en la realidad, conocerla, enfrentarla y también transformarla. La CULTURA es como la especie humana resuelve el problema de que se dio cuenta de que la realidad existe, y que se lidia con ella. Eso no nos hace superiores, dentro del ecosistema planetario, sólo nos trae un mayor y mejor problema, nos hace responsables.

Entonces somos responsables con el planeta, con el agua, la tierra, el aire, las otras especies, todas, animales y vegetales, con todos los otros. Nacemos siempre con otros, a partir de otros. Nacemos gracias a los frutos de la tierra. No nacemos solos por nuestros calzones. Ni podemos ni ocurre.

Tanto la cultura como la vida misma no puede decirse que sean hazañas personales, son colectivas, comunes. Todos somos comunes y corrientes. No hay seres extraordinarios bañados en dones divinos. Sólo hay personas que trabajan mucho, poco o nada. Pero el mérito nunca es exclusivamente personal. El conocimiento sobre las cosas del mundo y la humanidad es taaaaan viejo como las pinturas rupestres que se descubrieron en las cuevas, y aún más. Así que es muy difícil que realmente alguien pueda decir "yo sé cómo hacer esto, lo hice, lo logré solito". En mi rancho urbano y metafísico a quienes así hablan les llamamos presumidos, mentirosos, bloferos, fanfarrones, hipócritas, ladrones, cabrones, culeros, ingenuos o tontos, según si nomás lo dijeron, el tono que usaron o a quién se chingaron en el camino.

Así, pues, el conocimiento tampoco es privado. Claro, se usa que se le reconozca a los más chambeadores su talacha, su matadez, osea de que su trabajo. Pero eso es lo que se reconoce, el trabajo... no el talento nomás, no el puro carismo, no lo lindo que estás, ni lo simpático o lo rico o lo cabroncito. No, se reconoce el trabajo. El trabajo hace dignas a las personas en toooodas las culturas.

Lo que pasa es que luego se querido meter en la cabeza de muchos una gran mentira: se nos ha querido hacer creer que hay culturas o grupos humanos que valoran más el trabajo que otros. Eso es mentira. A lo mejor sí hay unas que dicen que existe el trabajo individual; o sea como que las personas estuvieran desligadas, solas y se partieran su madre nomás trabajando cual caballos y eso lo ven como que muy bueno, merecedor de un chorro de premios. Bueno, básicamente de dinero. Eso no es reconocer el trabajo, sino el dinero. Eso es tasar el trabajo en purito dinero. Claro, dinero es también prestigio, estatus, poder... poder es poder acaparar más y más.

Explica un maestro de Universidad que se llama Jaime Cockcroft: "El capitalismo es el sistema económico guiado por el motivo de la ganancia individual en el que los grandes bancos, fábricas, tierras de cultivo y minas son propiedad de los grandes capitalistas".
(Esto lo escribió en la página #30 de su libro 'América Latina y Estados Unidos. Historia y política país por país', editado en México, por los Siglo XXI Editores, en el 2001... aunque él lo escribió en inglés creo que desde el 96).

Me acordé del capitalismo porque es un modo de organización muy adecuado para las formas de ser y hacer y pensar que pretenden que hay conocimiento y ganancia individual nada más, que eso es lo importante. Se olvidan que lo importante es que no nacemos solos ni hacemos solos; que ni podemos ni ocurre.

Lo que no es de uno sino de todos pues a nadie se puede entregar. Se vende, sí. Últimamente vender es entregar. Pero puede ocurrir, como si ha ocurrido muchas veces en la historia, que hay unos que dicen que venden y unos que dicen que compran; usan bala, engaño y dinero para hacer la transacción. La transa a'istá. Eso son varios, entre que tontos, ingenuos, culeros, ladrones, mercenarios. Pero están los que tienen conciencia histórica (de lo que ha pasado en la historia de la comunidad), los que saben respetar y se responsabilizan con todos. Esos, además, como saben que no se puede entregar lo que a todos sirve y de nadie es, pues esos no están de acuerdo con vender y comprar lo que no se vende y compra.

Osea de que la operación de venta y compra es también mucha ilusión, palabra, política, acuerdo entre unos, sin todos. Eso es una parte de lo que es la política: acordar entre unos poquitos, como se vende-compra lo de todos, sin consultar más que a puros acaparadores de distinto tamaño, y a ladrones profesionales, gandallas, cabrones, ingenuos y tontos.

Otra parte de lo que es la política es la de acordar entre todos los más que se puede, que no se vende-compra lo que es de todos, consultando a todos los que se pueda también, pero con conciencia y responsabilidad. Esa política es más difícil porque los acaparadores, ya lo dijimos, tienen varias formas de garantizar el éxito de sus transacciones (privacidad, secretismo, bala, engaño, traición, ilegalidad, cárcel, medios de comunicación, y mucho dinero).

Mientras que los no acaparadores tienen que hacer política así: actuando en y desde el espacio público, siendo abiertos, pacíficos, leales, honestos, legales, libres, aunque medio o muy pobres. Entonces como no hay bala, dinero ni televisión de por medio, uuuuuuta es una buena chinga, más trabajo, eso de decir ESTA AGUA Y ESTA TIERRA Y LAS PLANTAS Y LOS PLANCTONS, como el sol y como el aire, NO SE VENDEN, porque son de todos... no de nadie, ni de ustedes.

Hay mucho riesgo y cansancio en esa lucha, y no se paga, de ningún modo, ni se premia, ni se paga, ni se vive de ella. Además, hay que trabajar. Es cansado. Se gasta cuerpo y salud. A veces hay enfermedad, porque hay desvelo y hambre y sueño.

Las primeras condiciones para la resistencia, entonces son:
1. Estar vivo.
2. Estar sano.
3. Trabajar.
4. Ser consciente de que uno mismo es con y por todos, aunque para su propia libertad de ser, para su propio ser libre.
5. Actuar responsablemente con todo y con todos. (O sea, compartir, no comprar-vender).
6. Poner límite, freno, zanja a la venta-compra de lo que es de todos (Unos le llaman 'luchar', tú llámale como quieras).

Lo más probable es que el mundo que soñamos no sea posible de construir, por lo pronto. Este mundo le contiene cambio climático, enfermedad, hambre, violencia, guerra, bala, cárcel y de todo eso. Está cabrón. Pero se puede resistir, defender lo que es fuente de vida.

Importan no sólo las razones y causas de los problemas. Urgen los cómo resolverlos. Hay que hacer mucho para ello. Mucho más que sólo vender-comprar lo que no es de uno.

Lo que de por sí es de nadie, no se vende. No es de nadie la agua ni el aire ni el sol ni la tierra.

Los acaparadores necesitan límites a su codicia.

Hay que evitar, de los modos en que nos sea posible a todos y cada uno de nosotros, en nuestros tiempos, y a nuestras maneras, de que los Acaparadores Culeros y Tontos Anexos, LTD. no conviertan lo público en privado.

La Tierra es la casa de todos.

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